lunes, febrero 9

Endorfinas: La droga de la felicidad





Método sistemático para segregar endorfinas

Ya que es probadamente cierto que las endorfinas son de efecto espectacular para el organismo en su totalidad, corresponde preguntar, de un modo más específico, cómo podemos hacer para segregarlas.
No solamente son necesarias para sobrevivir dentro de una vida sana, sino para la obtención de un máximo bienestar.
Una de las fuentes psicológicas remarcables que provoca la producción de endorfinas es el "recuerdo". Recordar situaciones placenteras del pasado tiene la propiedad de producir las mismas endorfinas de la situación pretérita. Esto constituye, en buena medida, el fundamento de muchas técnicas de medicina alternativa de "meditación" y de "visualización creativa". Muchos de los poderes denominados "mágicos" atribuidos a los hechiceros, curanderos, o gurús, podrían adscribirse en alguna medida, a estos métodos.

Los dos modos básicos de provocar el incremento de produccion de endorfinas en el organismo, resultan de procedimientos en apariencia opuestos: relajación o forzamiento del organismo.
Cuando nos relajamos, el sistema consciente del aparato psíquico, se diluye y el subconsciente entra en actividad, efectuando entonces una reparación de todas las funciones perturbadas del organismo. Las endorfinas cumplen, en todo ello, un proceso decisivo. Esta semiconciencia posibilitaría que las endorfinas se pongan en condiciones de circular mejor por la totalidad psicosomática.
Una prueba contundente en favor de la relajación la da el hecho de que con frecuencia caemos en una duermevela o propiamente, en el sueño. Luego, de modo espontáneo, la realidad se nos aparecerá como mucho más luminosa, o más beatífica. El estado de estrés en que vivimos habitualmente, se confabula para que estas situaciones no sean del todo frecuentes.
Así somos llevados, de un modo natural, al recuerdo de aquella melodía que endulzaba nuestras horas. O a la relectura de un libro singularmente placentero, o de poesías, o de páginas aisladas. O podemos ser arrastrados a la rememoración de un amor entrañable que nos arrastraba a un gozo casi místico. En otros, tal vez, se despierte el saludable apetito, o las ganas de efectivizar una actividad que siempre nos ha provocado placer: asistir a un espectáculo o tender las redes para hacer el amor.
Aunque parezca superficial, cabe, en virtud del poder del recuerdo, anotar en una tarjeta aquellas situaciones que nos han deparado siempre placer o bienestar, para estimular la producción de endorfinas mediante la implementació n de situaciones análogas.

El otro expediente posible,repetido de pasada, ya ha sido mencionado. La actividad física que fuerza al organismo. Desde el caminar hasta el correr, o cualquier actividad corporal de carácter deportivo u otro.
Los que no sean proclives a este mecanismo, siempre dispondrán de la memoria, de la imaginación, del goce de situaciones estéticas, de la risa o del humor...Lo que importa es tener bien claro que el placer se alimenta a sí mismo provocando más placer.

Pequeños e insignificantes detalles pueden ser útiles. El aroma de un perfume que nos embriaga; el recuerdo intenso de la persona amada; el olor de la hierba fresca,recién cortada; la limpidez del ozono, luego de la tormenta; evitar el desorden, si nos gusta el orden; rodearnos de cuadros amables, de estatuillas encantadoras, de artesanías impactantes; saborear -con lenta rumiación- un alimento que nos place; evitar lo desagradable, como las malas noticias, como señala [Weil]; escuchar nuestra música favorita, si es preciso reiteradamente; intentar la "relectura" de páginas que siempre nos hayan conmovido, por su fondo o por su forma; desarrollar sentimientos de amor, por las cosas o las personas...